miércoles, 28 de marzo de 2018

Gracias al vecino creativo


Un joven quedó fuera de su departamento, debido a que olvidó sus llaves dentro del mismo, y, gracias a un desperfecto en la puerta, un hombre logró solucionar didácticamente su problema. 

Enzo, entrerriano por adopción, vive hace dos años en la intersección de Córdoba y Pueyrredón, debido a que inició sus estudios en periodismo. A fines del año pasado tomó la decisión de no seguir en el domicilio y se encontraba en la ciudad en búsqueda de un nuevo hogar. Conocía poco a sus vecinos, ya que se relacionaba lo justo y necesario -hola, buenos días, adiós-, hasta que su tarde de domingo lo dejó en traje de baño y ojotas fuera de su departamento.

El joven de 20 años, quien se dirigía al supermercado aledaño al edificio, olvidó sus llaves sobre la mesa del living. Dato que sólo recordó cuando un escalofrío lo recorrió al tocar su bolsillo derecho (el que habitualmente utiliza para su manojo), donde no sintió contenido. Se encontraba sólo, ya que sus ex compañeros estaban de vacaciones, pero ninguno en Capital, ya que la universidad la comenzaban en Marzo. Así, sin más remedio, decidió acudir a su vecino del 2 A. Carlos, un hombre ya jubilado, quien supo estudiar ingeniería de forma rudimentaria y luego dedicarse al manejo de coches, lo recibió sin ningún problema (a pesar de que era domingo y en horario de descanso). 

Allí comenzaron a idear dispositivos para intentar jugar a vencedores con la cerradura. Las ideas flotaron en el aire, pero todas se pinchaban rápidamente como un globo que se acerca a un alfiler. Cansados, más psicológica que físicamente, decidieron entregar la ilusión y llamar a un cerrajero. $1500 era la tarifa indicada. Enzo, no poseía ese dinero en ese momento, ya que había ido sólo por el fin de semana, y Carlos ofreció prestar el saldo necesario para poder satisfacer el monto. Así, iniciaron una charla de café en la espera del técnico. Pero allí se encendió una chispa, que retornó al longevo señor a sus años de "ingeniero". 

La puerta del 2 D, tiempo atrás, azotó como un látigo la madera contra el marco y había perdido su mirilla. Uno centímetros de diámetros permitían divisar a metros las llaves, pero que no así ingresar ningún objeto. Casi ninguno. Unas varillas de metal y madera, con clavo en la punta, fueron un prototipo exquisitamente ensayado el cuál, con un pulso envidiable, fueron los encargados de traer de nuevo las llaves del estudiante a buen puerto y, así, lograr que el mismo vuelva a ingresar a su tres ambientes. Carlos, el creativo vecino, luego fue recompensado merecidamente.

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